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El chocolate y sus leyendas

De la misma forma que las joyas, el chocolate es utilizado para expresar amor, para ostentar, para pagar deudas y hasta para venerar a los dioses. Este manjar que no brilla, que es relativamente barato y que atrae a todas las criaturas de Dios (ni los perros están eximidos) cuenta con miles de leyendas, y con una muy larga historia.

No sorprende a nadie que se dedique tanta atención a este rico manjar. Nadie imagina al hacer derretir esa delicia en su boca todas las trágicas historias de matanzas y explotación de seres humanos que hubo detrás del cultivo del cacao. Y aunque todo el mundo tiene una leve sospecha de que funciona como un potente sustituto del amor, pocos saben que Giacomo Casanova lo utilizaba precisamente como su mejor elixir. Tan convencido estaba de sus atributos afrodisíacos que en lugar de tomar champagne bebía chocolate. Tan populares se hicieron sus buenos atributos que la Iglesia lo llegó a prohibir hacia 1600, con el argumento de que podría fomentar malas costumbres y conductas pecaminosas.

Hoy en día también asociamos el chocolate a un momento feliz, distendido. Cuando le regalamos un chocolate a alguien por su cumpleaños o para hacer las pases, el dulce manjar trae consigo una guiñada cómplice. Por cierto, muy poca gente tiene presente que la golosina se utilizaba en sus inicios como bebida para ceremonias reales y religiosas. Los mayas fueron los primeros en convertir las semillas amargas del árbol de cacao en una bebida picante que se utilizaba en ceremonias reales y religiosas además de comercializarse con otras culturas. Se ha exhibido en exposiciones sobre el tema una pequeña porción de residuo de chocolate encontrado en una excavación realizada en 1990 en un sitio arqueológico de Copan, Honduras, donde un rey maya había sido enterrado. El residuo de chocolate data del año 4 AC y es uno de los trozos de chocolate más antiguos jamás encontrados.

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