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Qué debe tener un equipo para pintar.

Rodillos
Los rodillos de pintor son prácticos para cubrir superficies extensas, tales como techos y paredes, pero gastan más pintura que las brochas. Se fabrican en tamaños que oscilan entre 25 y 250 mm (uno de buen tamaño para uso general es el de 200 mm). Su superficie suele ser de fibra plástica, espuma de nilón o lana de carnero; éstos últimos son los más corrientes. Los rodillos de espuma de nilón son los más económicos y también los más fáciles de limpiar. Se utilizan generalmente para aplicar pinturas al agua y productos imprimadores. Los de lana son más indicados para dar la última mano porque dan un acabado más fino. Después de su empleo, limpie el rodillo con el disolvente adecuado a la pintura empleada. Aclárelo a conciencia y deje que se seque bien antes de envolverlo en papel de periódico o de embalaje.

Parrillas o rejillas

Estas rejillas, de metal o de plástico, están especialmente diseñadas para su empleo en conjunción con los rodillos. Manténgalas siempre limpias de polvo. Cuele la pintura al verterla en la bandeja. Para cargar el rodillo, hágalo rodar por el fondo.

Cubos de pintura

Los hay de plástico y de metal, y suponen una valiosísima ayuda, porque permiten utilizar solo una parte de la pintura adquirida, dejando el resto en el bote original para evitar que se le forme una costra. Se cuelgan de la escalera o de otro saliente próximo mediante un gancho en “S”.

Tampones de pintor

Son de plástico, espuma o lana y pueden emplearse como sustitutivos de las brochas. Se venden en diferentes tamaños y con almohadillas recambiables.

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